El laboratorio

El laboratorio de física era grande y destartalado, como todo el edificio. Sus paredes estaban tapizadas de armarios con puertas de cristal en los que se hacinaban los más extraños aparatos, algunos de los cuales nadie recordaba por qué se hallaban allí ni para qué servían, adquiridos en el pasado por algún oscuro profesor con destino a algún incomprensible experimento.

Lo compartían varios miembros de la cátedra, si bien el profesor V., en atención quizás a su antigüedad, disponía de un despacho propio en su interior cuya llave guardaba celosamente.

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